El profesional empleado y la organización.
Siempre se ha discutido sobre el lugar que ocupan en una organización los profesionales empleados.
Situados en una zona imprecisa entre los trabajadores no profesionales calificados y la gerencia, el trabajo del profesional tiene características propias que necesariamente deben ser comprendidas para organizar su tarea, dado que la complejidad de las organizaciones y el desarrollo tecnológico, particularmente en las empresas de servicios, determinan una demanda cada vez mayor de esta clase de empleados.
La diferencia entre su trabajo y del gerente, radica en que éste es responsable del trabajo de un determinado grupo de personas. En cambio, el profesional sólo responde por su trabajo en el marco de su especialidad técnica, profesional.
Por ello, el cumplimiento de los objetivos de la organización, de manera directa, es rasgo del cargo gerencial.
Consecuencia de lo expuesto, es que, sin perjuicio de la adaptación de su trabajo a aquellos objetivos, el desempeño del profesional es independiente del de la organización en que trabaja y sólo él puede determinar qué es un buen trabajo y en qué debe consistir, conforme a los estándares profesionales que regulan su actividad.
Ésa también es la característica que lo distingue del trabajador no profesional: no se lo puede dirigir ni controlar ni supervisar en lo que atañe a su labor profesional. En este punto, su tarea plantea un desafío al modelo “tradicional” de administración de personal.
Entonces, la misión de la gerencia transita un difícil equilibrio, ya que debe lograr que la tarea del profesional -que debe ser cumplida en términos técnicos- se vincule a los objetivos de la empresa, de manera que aquella tenga impacto sobre el negocio, haciéndole saber claramente de qué manera puede contribuir a él, sin intervenir en el desarrollo de su labor de especialista.