Dime cómo escribes y te diré cuán profesional eres: lo que la tecnología no resuelve.
¿Por qué es tan importante saber escribir bien? No hacerlo correctamente ¿nos hace peores profesionales? ¿Qué consecuencias puede traernos una incorrecta expresión escrita? La velocidad de la Comunicación 2.0 ¿puede perjudicar nuestras buenas prácticas de redacción?
En una época en que los puestos de trabajo requieren cada vez mayor especialización y versatilidad, el mercado tienta al profesional a actualizarse en forma permanente, omitiendo muchas veces la evaluación de los conocimientos más elementales.
Tanto en el ámbito empresarial, como en todas las áreas de nuestra vida cotidiana, resulta fundamental contar con las herramientas necesarias para comunicarse con claridad, teniendo en cuenta el objetivo de nuestro mensaje y las características del público que lo está recibiendo. Las emisiones verbales nos permiten ciertas licencias idiomáticas, por su carácter de efímeras, pero es fundamental la forma en que son acompañadas por el lenguaje gestual.
En cambio, los mensajes escritos tienen un carácter de permanencia que nos lleva a ser extremadamente cuidadosos con la forma en que los aplicamos. Un texto impreso puede leerse un sinnúmero de veces. Nos da tiempo a pensarlo, analizarlo. Para que el significado que quisimos darle sea el mismo que interpreta el lector, debe estar enunciado claramente.
Aunque en ocasiones se desestime su valor, nosotros continuamente nos estamos expresando por este medio: enviamos diariamente infinidad de mails, mensajes de texto, conversamos por chat, posteamos en redes sociales, elaboramos cartas, notas, informes, planificaciones. No debemos ser expertos en letras: como profesionales, tenemos el deber de manejar de forma apropiada nuestro idioma, con el fin básico de hacernos entender.
El auge del chat, el sms y el microblogging parece acercar algunos atributos de la lengua oral al texto, lo cual nos hace asignarle las características de una “conversación” y ciertas libertades que tienen como fin agilizar la interacción: la ausencia de tildes y el uso (y abuso) de abreviaciones se llevan el primer premio. Estas nuevas prácticas nos hacen perder la verdadera dimensión de la mencionada permanencia, además de afectar gradualmente nuestro buen uso del lenguaje escrito. La utilización de correctores ortográficos constituye una gran ayuda, aunque no detecta ciertas falencias gramaticales (concordancia de género y número, queísmo y dequeísmo, uso de signos de puntuación, etc.) ni considera erróneas palabras que existen con y sin acentuación ortográfica (domestico, doméstico y domesticó, matrícula y matricula, quien y quién, etc.). También hay que tener cuidado con los “autocorrectores”, que pueden cambiarle el sentido a nuestra frase. Por esto, insistimos, la formación del profesional debe contemplar imperiosamente la necesidad de saber escribir en forma adecuada.
Ahora bien, expresarse con propiedad ¿está pasado de moda? La demandada síntesis de los mensajes ¿nos habilita para trasgredir algunas reglas del idioma español? El uso correcto de la palabra escrita ¿alejará de nuestro mensaje al público más joven?
Desde luego, la respuesta a todos estos interrogantes es: “NO”. Cada persona recibe a diario un importante volumen de información, que debe procesar rápidamente de acuerdo a sus gustos e intereses. Los mensajes que tendrán mejor llegada serán aquellos que sean, por un lado, atractivos (creatividad en la forma y/o el contenido) y, por otra parte, claros. Esto es fundamental. Un texto bien escrito debe leerse fácilmente, sin dar lugar a dobles interpretaciones. Una mala redacción, además de perturbar la comprensión, afectará directamente nuestra imagen profesional.
Veamos algunos ejemplos en donde una coma o una tilde afectan sustancialmente el significado de la oración:
- Lo atenderé sólo esta tarde. / Lo atenderé solo esta tarde.
- No, es verdad. / No es verdad.
- El supervisor dijo: -“García no asistirá hoy”. / - El supervisor -dijo García- no asistirá hoy.
- No, se lo dijo. / No, ¿se lo dijo? / No sé, ¿lo dijo? / No se lo dijo.
Póngalo Usted en práctica, como receptor. Haga un repaso de los mails que recibió en el día de hoy. ¿Cómo están enunciados? ¿Comprende su sentido rápidamente? ¿Qué imagen tiene Usted de quien le envía un correo redactado erróneamente y con faltas de ortografía? Probablemente, lo considere poco profesional. Eso mismo pensarán sus interlocutores si reciben comunicaciones de este tipo por parte del personal de su empresa. Puede ser afectada su imagen, su credibilidad y hasta perjudicarla económicamente por causa de un mensaje poco claro y mal interpretado.
Manejar correctamente el lenguaje ayuda incluso a organizar mejor las propias ideas y, por ende, favorecer relaciones laborales más saludables. Le ahorrará tiempo en explicaciones posteriores y generará una imagen positiva en sus destinatarios. Sólo hace falta ejercitarse en la lectura, tener un diccionario siempre a mano y, sobre todo, buena predisposición para aprender y mejorar.
Podemos ser la empresa más avanzada tecnológicamente, pero si no nos relacionamos adecuadamente con nuestros diferentes públicos (externos e internos), todo habrá sido en vano. Hoy, escribir bien puede incluso marcar la diferencia. Es la base de toda buena comunicación.