Perspectivas de la economía mundial a mediano plazo.
La recuperación ha sufrido nuevos reveses, y la incertidumbre constituye una pesada carga para las perspectivas y una causa fundamental es que las políticas en las principales economías avanzadas no han logrado restablecer la confianza en las perspectivas a mediano plazo.
Los riesgos extremos, como los relativos a la viabilidad de la zona del euro o a que se cometan errores graves en la conducción de la política fiscal de Estados Unidos, continúan preocupando a los inversionistas.
El pronóstico de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés) del FMI apunta a un fortalecimiento gradual de la actividad con respecto al decepcionante ritmo registrado a comienzos de 2012. El crecimiento mundial, que se proyecta será de 3,3% y 3,6% en 2012 y 2013, respectivamente, es más débil que el previsto en la actualización del informe WEO de julio de 2012, y este a su vez fue inferior al previsto en el informe WEO de abril de 2012.
Se prevé que en las economías avanzadas el producto seguirá deprimido, pero que será relativamente sólido en muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo. El desempleo probablemente permanecerá en niveles elevados en muchas partes del mundo. Y las condiciones financieras seguirán siendo frágiles, según se indica en la edición de octubre de2012 del informe sobre la estabilidad financiera mundial.
El pronóstico del informe WEO se asienta sobre dos supuestos de política cruciales. El primero es que las autoridades europeas adoptarán políticas que gradualmente seguirán distendiendo las condiciones financieras en las economías de la periferia.
En este sentido, el Banco Central Europeo (BCE) recientemente asumió el papel que le correspondía. Les corresponde ahora a las autoridades nacionales tomar la iniciativa y activar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), y al mismo tiempo trazar una trayectoria creíble y empezar a implementar las medidas necesarias para lograr una unión bancaria y una mayor integración fiscal. El segundo supuesto es que las autoridades estadounidenses impedirán que entren en vigor los drásticos aumentos de los impuestos y recortes del gasto (el “precipicio fiscal”) previstos en la actual legislación presupuestaria, que elevarán oportunamente el tope de la deuda federal de Estados Unidos, y que lograrán avances significativos hacia un plan integral para restablecer la sostenibilidad fiscal. El pronóstico del informe WEO podría nuevamente decepcionar con respecto a estas dos premisas.
En términos más generales, los riesgos a la baja han aumentado y son considerables. El informe preparado por el personal técnico del FMI indica que hay una probabilidad de uno en seis de que el crecimiento mundial descienda por debajo de 2%, lo cual correspondería a una recesión en las economías avanzadas y un crecimiento lento en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.
En definitiva, sin embargo, el pronóstico del informe WEO depende de que en Estados Unidos y la zona del euro se adopten medidas de política críticas, y es muy difícil estimar la probabilidad de que esas medidas se materialicen.
Esta coyuntura plantea graves dificultades para las autoridades. En muchas economías avanzadas, las inyecciones de liquidez están teniendo un efecto positivo tanto en la estabilidad financiera como en el producto y el empleo, pero ese efecto quizás esté menguando. Muchos gobiernos han empezado a dedicarse de lleno a reducir los déficits excesivos, pero dadas la elevada incertidumbre, la escasa confianza y la debilidad de los sectores financieros, los importantes logros fiscales han ido acompañados de decepcionantes tasas de crecimiento o de recesiones. En las economías de mercados emergentes y en desarrollo, las autoridades son conscientes de la necesidad de recomponer el margen de maniobra necesario para la aplicación de políticas fiscales y monetarias, pero se están preguntando cómo calibrar las políticas ante los importantes riesgos externos a la baja.
Para reducir los riesgos de las perspectivas a mediano plazo presagiadas por un sobreendeudamiento público en las principales economías avanzadas se necesitarán políticas monetarias acomodaticias y reformas estructurales adecuadas, así como una política fiscal prudente. Ya se han logrado avances importantes y se ha previsto una considerable consolidación fiscal a mediano plazo. Los legisladores estadounidenses tienen que eliminar pronto el riesgo de un precipicio fiscal y elevar el tope de la deuda; de no hacerlo, la economía de Estados Unidos podría volver a caer en una recesión, con repercusiones perjudiciales para el resto del mundo.
Además, las autoridades estadounidenses tienen que definir con urgencia planes fiscales sólidos a mediano plazo. Las autoridades en Japón tienen que perseverar en los ajustes planificados y especificar nuevas medidas para detener, y en poco tiempo revertir, el aumento de la relación deuda pública/PIB.
En las economías de mercados emergentes y en desarrollo, la actividad se ha desacelerado debido a la aplicación de políticas más restrictivas en respuesta a limitaciones de la capacidad, una menor demanda de las economías avanzadas y factores específicos de cada país. Desde el estallido de la crisis en 2008, las políticas expansivas han amortiguado el impacto negativo de la debilidad en los mercados de las economías avanzadas: los déficits fiscales en general se han situado por encima de los niveles previos a la crisis, en tanto que las tasas de interés reales han sido más bajas. El crédito interno ha crecido con rapidez. A mediano plazo, las autoridades tendrán que cerciorarse de mantener su capacidad para responder con flexibilidad a los shocks, preservando una orientación fiscal sólida y manteniendo tasas moderadas de inflación y de crecimiento del crédito. En este sentido, la aplicación de políticas monetarias más restrictivas durante 2011 fue una decisión acertada. En vista de los crecientes riesgos a la baja a los que está expuesta la demanda externa, los bancos centrales actuaron con acierto al suspender o revertir parte del endurecimiento de la política monetaria. Muchos de estos bancos disponen de margen para tomar más medidas a fin de apoyar la demanda externa si los riesgos externos a la baja amenazaran con materializarse.
En general, las políticas necesarias para reducir los desequilibrios en cuenta corriente y los factores de vulnerabilidad conexos son consecuentes con los intereses de las economías en cuestión. Un mayor ajuste en las economías con déficits externos, y una mayor demanda interna en las economías con superávits externos, contribuirían no solo a crear una economía mundial más segura sino también a que todos se beneficien de un crecimiento más dinámico. Muchas economías con déficits externos necesitan un ajuste fiscal más profundo y un fortalecimiento de la supervisión y la regulación del sector financiero. Estos esfuerzos han de complementarse con medidas estructurales, cuyos detalles difieren ampliamente entre las economías avanzadas y las de mercados emergentes con déficits externos, pero que incluyen reformas en los mercados laboral y de productos, mejoras de la gestión de gobierno y del clima de negocios y medidas para promover el ahorro privado para la jubilación. Las medidas estructurales que necesitan las economías con superávits externos con tipos de
cambio subvaluados también varían de un país a otro, pero incluyen el fomento de la inversión en el caso de Alemania, la reforma de la red de protección social en China para estimular el consumo y la reducción de la acumulación de reservas oficiales en muchas economías de mercados emergentes, lo cual también ayudaría a contener el fuerte crecimiento del crédito y los precios de los activos.
Fuente: Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés).